Misión: Colegio Bautista ayuda a los más necesitados

 

Apoyo en tiempos de pandemia.

 

El Colegio Bautista de Temuco crea el proyecto 9000/90, el cual consiste en entregar nueve mil platos de comida caliente en noventa días a personas de escasos recursos y en situación de vulnerabilidad en contexto de la pandemia del coronavirus y la crisis social en Chile. Esta iniciativa solidaria fue pensada por un grupo de oración, pero luego el colegio pasó a ser la sede de esta idea, y contaron con personas externas que se ofrecieron a colaborar. Este proyecto fue empezado antes del invierno y la ayuda fue entregada en distintos lugares de la ciudad.

Don Milton Salazar, quien fue uno de los colaboradores, entregó detalles de cómo se desarrolló la colaboración.

La idea fue presentada por miembros del grupo de oración, y el proyecto en sí, fue creado oficialmente en mayo de este año por la Sra. María Amelia Sepúlveda, presidenta del Directorio de la Corporación Educacional Bautista, quienes, como conjunto, por medio de redes sociales difundieron este explicando de qué se trataba, y así se sumaron otros voluntarios, empresas, estudiantes, iglesias e instituciones de la zona y como se vio gran apoyo por parte de estas, crearon una cuenta corriente para quienes quisieran ayudar monetariamente.

Si bien trataba de entregar 9000 platos de comida caliente en 90 días consecutivos (100 personas cada día), en realidad se entregó más cantidad de lo previsto.

Comenzaron con donaciones (paquetes de tallarines, carne, porotos) y luego se necesitaron fondos adicionales para cubrir otras necesidades diferentes a las de alimentación, entonces fue cuando el proyecto se difundió a través de redes sociales, lográndose el aporte de personas con buena voluntad que aportaron de forma anónima y así poder financiar el proyecto.

Para realizar el trabajo se dividieron en equipos, las funciones fueron: gente externa y de la propia comunidad educativa de la institución que estaban cocinando en las instalaciones del colegio; personas que aportaron con ropa, otras que la clasificaban; personas que realizaron una colecta para comprar botas de goma para niños que utilizaban chalas en invierno; aporte monetario y de materiales de construcción; apoyo espiritual con material didáctico tales como libros con enseñanzas bíblicas para niños o hasta versículos bíblicos junto con las comidas.

Y aunque ciertas actividades se vean tan simples, es algo que realmente provocó un impacto en la productividad, realización de todo el proyecto y también en los sentimientos de los que participaron, “Me motivó querer ver como era el proceso de ayudar, de sentir que podía aportar aunque fuera lo más mínimo, me motivó también escuchar a quienes íbamos a ayudar.”, “Personalmente fue una experiencia muy bonita, me sentí contenta y hasta incluso afortunada, al ir trabajando y aportando junto a otras personas, hablando de la campaña y el proceso de esta, me fui sintiendo feliz.” Como expresa Camila Pereira, alumna del colegio que colaboró de manera activa.

Inicialmente Likher Ortuyar recepcionó y organizó la ayuda, debido a los conocimientos que tiene de la institución y de cómo ordenar las cosas que iban llegando. Él y la Sra. María Amelia fueron los primeros en comenzar a entregar la ayuda. También contaron con la ayuda de apoderados, profesores y de la presidenta del centro de padres y apoderados, Cristina Alarcón.

La ayuda fue entregada principalmente a las poblaciones y campamentos que estaban ubicados en Pedro de Valdivia, en condiciones precarias, y en palabras propias de Don Milton Salazar: “Para ellos fue una bendición porque no siempre podían comer, o no siempre tenían su almuerzo diario y se les entregaba todos los días su comida caliente, eran entre 450g y 600g por cada porción, y si en la casa eran cuatro, se les entregaban cuatro, y si eran ocho, se les entregaba ocho, nunca se les decía “es mucho para ustedes””. Además, la forma de entrega de los platos de comida era junto con versículos bíblicos y se hizo en automóvil, esto pensando en la gente que no podía pagar locomoción, llevando la comida en envases de plumavit para que se mantuvieran calientes. 

Asimismo, en los campamentos entregaban prendas de ropa para invierno, ropa de cama, leña, útiles de aseo, útiles escolares y enseñanzas bíblicas de forma que los más pequeños aprendieran con la palabra de Dios.

De igual manera se iba a la plaza Dagoberto Godoy, conocida como plaza del hospital, y se le entregaba comida a la gente que estaba fuera del hospital, quienes estaban esperando a sus familiares y/o seres queridos enfermos. A gente joven y especialmente quienes no tenían buenos tratos con los ayudantes, también se les entregó comida. Cabe recalcar que todas las personas estaban invitadas a pedir un plato de comida, ya que había suficiente para todos.

En una oportunidad fue televisión nacional a hacer consultas sobre el proyecto y la Sra. María Amelia, encargada de este, contó de qué trataba, y esto se divulgó por televisión y un señor que vio el programa aportó dos millones de pesos a la cuenta corriente, pensando en darle dinero a cada uno de los beneficiarios para que se compraran lo que ellos quisieran, a los cuales se les repartió cerca de 30 mil pesos. Las personas debían inscribirse para luego ir a buscar su dinero, y el señor, confiado, entregó a la comunidad educativa del colegio el dinero para que ellos lo repartieran a cada una de las personas.

Este mismo señor hizo nuevamente un aporte de un millón de pesos para comprar planchas de zinc para los techos de las casas y forrar algunos techos de las personas que estaban a la intemperie; más gente también se sumó a este tipo de ayuda.

Es importante destacar que dada la situación de pandemia mundial de coronavirus existente se tomaron todas las medidas de prevención y protección para evitar el contagio propio y el de los beneficiarios.

Respecto a experiencias personales, Likher Ortuyar, como fue dicho con anterioridad, fue uno de los primeros en entregar la ayuda correspondiente, comenta que su experiencia fue edificadora, sintió mucha alegría al participar, la gente estaba feliz y agradecida, pudo ver la necesidad de generar más oportunidades de trabajo, educación, atención médica y planes sociales de viviendas, comedores abiertos, pero dentro de lo que pudieron hacer como institución y comunidad fue suficiente conforme al proyecto y los propósitos de nuestro Señor. “Esa fue nuestra carta de navegación.” afirmó.

 

 

Rocío Lefin.